Por grupo 3:
Lourdes Cruz
Carlos Barahona
Fátima Durán
Rodrigo Molina
José Manuel Renderos
Ana Cristina Ferreiro
A favor del respeto por la vida
“Justicia es dar a cada uno lo que corresponde”(DRAE) y una persona que sea capaz de cometer un crimen muy grave, merece un castigo que esté acorde con su delito, y la pena capital es apropiada en casos en que un individuo deba ser eliminado para no seguir causando daño a la humanidad.
Desde el origen de las primeras civilizaciones, el ser humano se ha dedicado a definir y proteger sus libertades. Para esto se crearon múltiples reglas y leyes que garantizan la paz y la armonía de las sociedades. Entre estas se desarrolló la famosa pena de muerte, la cual “consiste en provocar la muerte o asesinar a un condenado por parte del Estado, como castigo por un delito establecido en la legislación”(Wikipedia). En otras palabras, se trata de la ejecución de una persona que ha cometido un crimen.
Este es uno de los temas más controversiales que conoce el hombre, ya que no es aceptado, ni practicado por todos. Sin embargo, este es uno de los mejores métodos que le permite al gobierno garantizar la seguridad de sus ciudadanos. ¿Por qué se debería de aprobar la pena de muerte en El Salvador?
En primer lugar, la pena capital ha sido y es una de las formas de castigo más respetadas y temidas por la humanidad. Si se comparan las tasas de criminalidad, se puede notar que son los países menos desarrollados que tienen un mayor índice de violencia. Sin embargo, existe una gran diferencia entre aquellos que castigan con la muerte y aquellos que no. De acuerdo a la información extraída del blog de inteligencia colectiva Taringa, el sur de Asia tiene una tasa de homicidio por cada cien mil habitantes de 3.4 (en esta región se castiga con la pena capital), mientras que en América Central es de 29.3 y en América del Sur de 25.9 (en estas regiones no se practica la pena de muerte). Estas cifras demuestran que este tipo de sanción disminuye en fuertes cantidades los crímenes. Lo que significa que hay un mayor respeto hacia la ley, y por lo tanto un Estado que garantiza la seguridad de sus individuos.
En segundo lugar, hay que notar que El Salvador, siendo de América Central, tiene altos niveles de inseguridad. En la actualidad, este está teniendo alrededor de 13 homicidios diarios. La gente se ve amenazada por las maras (alianza de individuos que forman diferentes bandos, y son los principales causantes de las extorsiones y homicidios en el país). Cada día se cometen tantos delitos, que la capacidad de los centros penales ha sido sobrepasada. La República no puede controlar, ni sancionar a tantos criminales.
Con recurrencia, muchas familias pierden a un conocido, entre ellos hijos, hermanos y padres. Todas estas personas viven en un constante temor a perder la vida y todo por la carencia del Estado de proteger a sus habitantes. En este caso, la pena capital fuera una solución muy efectiva. Esta reduciría el número de reos; psicológicamente, los bandidos tuvieran miedo a irrespetar la ley (temor a ser ejecutado); disminuirían la tasa de homicidio e inclusive la cifra de mareros. En pocas palabras, la pena de muerte podría evitar varios crímenes, lo que se podría considerar como una buena forma de cuidar la vida a los salvadoreños.
En tercer lugar, sabiendo que la pena capital es un medio apto para reducir la inseguridad en el país, esta también podría favorecer al desarrollo de este mismo. En El Salvador, la mayoría de criminales quedan libres rápidamente ya que son un gran costo para el Estado. Por lastima, esto simboliza un problema para la población, ya que todos buscan la mayor protección posible. Para cuidarse de los mismos homicidas y ladrones que entran y salen de prisión, la gente gasta enormes cantidades en seguridad. Esto significa que muchas familias y empresas tienen que afrontar un gasto más en sus vidas, y que algunas veces representa un gran sacrificio. Si el gobierno evitara este círculo vicioso de meter y sacar a los mismos asesinos y los sancionara a muerte, se vería una mayor tranquilidad de parte de las personas. Esto permitiría un mejor desarrollo, no solo económico sino que social, ya que hubieran mayores libertades garantizadas por la protección.
En conclusión, se puede decir que aprobar la pena de muerte en El Salvador beneficiaría a sus ciudadanos dándole mayor seguridad. Por otra parte permitiera un mayor desarrollo en el país, ya que se resolvería en una gran parte el problema de la inseguridad. Es importante mencionar que la pena capital no es la única manera de matar legalmente. Existe la muerte en defensa propia, que consiste en quitarle la vida a un individuo que atente contra el bienestar de otro. ¿Si se puede asesinar en defensa propia legalmente, por qué no poder ejecutar a aquellos que cometen delitos en protección de toda una sociedad?
La pena capital es un castigo inhumano
La pena de muerte es una forma de asesinato. De ninguna manera es aceptable castigar a alguien quitándole la vida, porque nadie puede decidir sobre la existencia de otro. Por ello y por muchas razones más se comprobará que tan cruel condena no debe ser nunca una forma de aplicar justicia.
“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad” (DUDH). Si de alguna manera admitiéramos la pena de muerte, ésta última estaría violando uno de los privilegios principales. Todos nacemos con derechos inherentes e inalienables que no se le pueden negar a nadie sin importar la situación o condición de la persona. Aceptar la condena máxima implicaría cambiar constituciones, leyes e incluso la misma Declaración de los Derechos Humanos, eso también significaría un retroceso porque ya no se protegería la vida de la manera en que hoy lo hacemos.
“Si la sociedad política tiene sus orígenes en un acuerdo entre los individuos que dejan de vivir en la condición natural y se dan leyes para protegerse uno con el otro, es inconcebible que estos individuos hayan metido a disposición de sus símiles también el derecho de la vida”(Cesare Beccaria). En un sistema judicial como el que tenemos en El Salvador la pena de muerte es inaplicable porque nadie es lo suficientemente imparcial como para decidir si un acusado merece o no morir para hacer justicia. Dicho gobierno está lleno de corrupción y anomalías, lo que quiere decir que no es apto para llevar a cabo una pena tan fuerte como la pena capital. Si se comete un error, es irreversible. Un ejemplo perfecto para demostrar esto es el caso de Illinois en el año 1974, un precedente importante, en el que 9 de 11 condenados eran inocentes. ¿Cómo se demuestra la justicia en estos lugares?
La pena de muerte es disuasoria solo si se parte del supuesto que un delincuente comete un crimen de manera racional, comparando consecuencias con beneficios. Muchas de la faltas suceden cuando el hechor está bajo los efectos del alcohol o drogas, o por aquellos que son mentalmente incompetentes. Esto quiere decir que dichas personas no tienen el tiempo o la capacidad de pensar que, si cometen una transgresión, pueden ser ajusticiados. En este caso el descorazonamiento del castigo pierde su efecto.
La pena de muerte no solo significa condenar al delincuente, pues muchas veces los familiares de los ejecutados son los que más sufren. La pena máxima no repara nada, no les devuelve la vida a las víctimas, al contrario solo crea un espiral de violencia y venganza aun más grande. Otro punto importante es que con esta se desvaloriza la existencia dando el mensaje que el gobierno justifica un asesinato y lo hace legal. Esto implica que en ciertas circunstancias se puede matar con discreción como si una persona no valiera lo suficiente como para que el estado la proteja, sin importar la situación.
Otro punto en contra es que se ha comprobado que psicológicamente no disuade a los criminales de abstenerse de cometer delitos. Al contrario, esta amenaza el derecho a la vida y degrada dicho derecho. La pena capital no ataca el verdadero problema, sino es solo una solución simplista como si con matar al hechor de la injusticia fuera suficiente. Esta no aplica justicia porque no permite al individuo la redención, reeducación o reinserción a la sociedad.
Como argumento final, la pena capital no es un castigo aplicable en cualquier sociedad, por ende, El Salvador no debe aceptarla, pues no es una forma de aplicar la ley porque la vida debe defenderse primordialmente. Además arremete contra este privilegio esencial, y eso es algo que nunca será propio de la justicia, porque los derechos son inalienables.
Referencias bibliográficas
Organización de las Naciones Unidas. "Declaración Universal de los Derechos Humanos." (DUDH) París, Francia, 1948. Art. 3. Web. 3 de julio de 2011.
Beccaria Cesare. De los delitos y las pena. 1764. Web. 4 julio 2011.
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Briceño-León,Roberto. Camardiel, Alberto. Avila, Olga. El derecho a matar en América Latina. Buenos Aires: CLACSO, 2002. Bliblioteca virtual. Web. 29 junio de 2011.
Catarella,Eva. Los suplicios capitales en Grecia y Roma, orígenes y funciones de la pena de muerte en la antigüedad clásica. Madrid: Ediciones AKAL, 1996. Google books.
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