Por grupo #1
Pedro Amaya
Nicole Fermán
Mario Guzmán
Óscar Hernández
Josselyn Rodríguez
Bryan Viera
Legalmente felices
Libertad, un derecho inviolable que toda persona posee. Si un hombre no ama a una mujer, tiene la potestad de amar a otro hombre, pues es así como encontrará la felicidad. Sería muy injusto negar la oportunidad a una persona de llegar a la plenitud, simplemente por paradigmas errados de algunas personas cerradas que no aceptan algo nuevo o diferente.
Los divorcios en la actualidad cada vez son más frecuentes, es fácil saber por qué sucede. Las personas se casan sin tener la plena seguridad de lo que realmente significa el matrimonio, ya que éste conlleva una serie de obligaciones; pero, ¿qué sucede con las que de verdad están dispuestas a compartir su vida con alguien más sin importar que sean del mismo sexo?
El hecho de estar casado legalmente concede derechos y beneficios que mejoran y protegen a los cónyuges. Estos pueden ser: una declaración de ingresos e impuestos juntos, aprovechar servicios del gobierno como el Seguro Social y Medicare, además de las ventajas para empleados como el seguro médico familiar.
Los matrimonios homosexuales no son algo malo, simplemente son relativamente nuevos, por ello será un poco difícil que sean aceptados por toda la sociedad, pero poco a poco se irán introduciendo, porque realmente es inevitable luchar contra todos los homosexuales luchando por lo que merecen: respeto e inclusión.
Además, es muy difícil que algo que en la sociedad se vea como falto de ética obtenga un visto bueno. El reto está en aceptarnos los unos a los otros para que así se cumpla un estado de derecho en donde todos sin importar raza, religión o preferencia sexual tengan los mismos derechos y deberes, y que, en este caso, tengan la posibilidad de unirse y que sea reconocida como matrimonio.
En conclusión, estas personas están en todo su derecho a argumentar que por qué razón cuando se casan en otros países su unión no es vista como matrimonio. Realmente hay que considerar que no se le está quitando derecho alguno a nadie, sino que se le están otorgando a quienes no lo poseen.
No hay boda
Actualmente, el tema de los matrimonios entre personas del mismo sexo causa polémica y, aunque gran parte de la población está en desacuerdo, hay quienes que consideran su aceptación. Poco a poco más individuos aceptan su homosexualidad, lo que causa un esparcimiento de esta manera libertina de pensar. Se ha vuelto común ver parejas de hombres que orgullosamente se involucran en relaciones amorosas y, cual si esto fuera normal, expresan su anhelo de formalizarla legalmente.
Un ejemplo de esto es Pedro Zerolo, ex presidente de la FELGT, quien publicó la solicitud de matrimonio civil con Jesús Santos (Hispanic Searching). No obstante, haciendo de lado las creencias religiosas, es posible encontrar argumentos sólidos que desmientan aquellos que proveen la base para apelar a las uniones del mismo género.
Algunas de las declaraciones usadas a favor de esta temática hablan del derecho de libre albedrío, donde cada quien hace lo que crea conveniente usando de la libertad que el Estado les brinda. Sin embargo, no hay que confundir este término con libertinaje, que implica vivir de manera desenfrenada e indecente.
Cierto porcentaje de homosexuales alega que la atracción que sienten por los hombres se debe a factores congénitos, y que por ende no son responsables de su desviación. Existen dos trabajos que defienden esta postura. Por un lado, tenemos la teoría de LeVay, neuro-científico del Salk Institute, que afirma que la deformidad del hipotálamo causa las tendencias homosexuales, por el otro, la teoría del gen innato de Hamer, científico que labora en el Instituto Nacional del Cáncer en EE.UU. (Sanz). Sin embargo, Sánz los contradice en su libro “Libertad o determinismo” apoyándose en observaciones más exactas.
En la primera conjetura, LeVay estudió a un grupo de 27 sodomitas que fallecieron a causa del SIDA y descubrió que la parte posterior del hipotálamo tenía las mismas dimensiones que el de las mujeres. Estos resultados fueron expuestos a la prensa con titulares que aseguraban que se había encontrado una razón biológica para la homosexualidad. Sin embargo, dichas publicaciones fueron criticadas por la comunidad científica ya que no eran datos estadísticos representativos para todos los casos pues en algunos, un hombre afeminado también presentaba un hipotálamo del mismo tamaño que el de los heterosexuales.
En la segunda, Hamer publicó el hallazgo del cromosoma culpable de la Sodomía. Sus conclusiones fueron tomadas con escepticismo y empequeñecidas 6 años después por un grupo de científicos que habían experimentado y estudiado a un mayor número de personas. Sus resultados mostraron que los datos obtenidos no aseguran que la sodomía se trata de una alteración genética en el ADN.
Ambos estudios fallaron en proveer un cimiento estable que favorezca estas uniones, por lo tanto, ningún estudio que indique que la homosexualidad es realmente una condición con la que se nace fundamenta los matrimonios gay. Si no es algo congénito, por reductio ad absurdum podemos concluir que esta desviación sexual se trata de un efecto de una perversión mental o trauma psicológico sufrido en algún momento de la vida. Por eso, no es correcto decir que su deseo de casarse está basado en sentimientos normales de amor.
Uno de los argumentos a favor más frecuentes es: “decir que la heterosexualidad es esencial al matrimonio, es una muestra de etnocentrismo o paradigma occidental. Hay otras sociedades no occidentales que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo”. Sin duda otras civilizaciones tienen un concepto distinto del nuestro, pero no por ello tenemos que verlos como correctos. Pensemos por un momento en la poligamia, que es el matrimonio entre varios individuos. Esta práctica es muy común en países del Medio Oriente, pero distorsiona el matrimonio según la ley (unión entre un hombre y una mujer). Que otras culturas acepten ese tipo de relaciones no significa que sea ético, o que por ello tengamos que aceptarla. Si nos enfocamos en seguir el ejemplo de otros grupos, entonces, ¿Por qué no permitir la poligamia en las uniones homosexuales? ¿Les parecerá ético? ¿Acaso se nace con el gen de la infidelidad?
Otro argumento muy común es: “un homosexual puede ser tan buen padre como un heterosexual”. No obstante, un niño necesita de un entorno familiar saludable en la que pueda recibir la disciplina del hombre y el cariño y los cuidados de una mujer. Un hijo imita la figura paterna, una niña imitará la figura materna, y otro, en medio de una relación desviada, eventualmente la imitará. Tal vez pueda que una pareja gay actúe como una buena familia, pero nunca suplirá el rol complementario que desarrolla la figura de un hombre y una mujer.
Europa ha empezado a legalizar el matrimonio o unión de personas con el mismo sexo, pero si comenzamos creer que este no sigue normas éticas o que no se tiene un orden biológico, entonces a la larga nos empezaremos a preguntar, ¿Por qué tienen que contraerlo solo dos individuos?¿Por qué no tres? ¿Es ese el camino al progreso?
Referencias bibliográficas
Hispanic Searching S.L. “Bodas públicas de homosexuales famosos.” Publibodas. Web.10 jul. 2011.
Matrimonio entre personas del mismo sexo México, D.F. Prod. Aluneto, 2009. YouTube. Web. 11 jul. 2011.
Sanz, Luis María. "Determinismo y homosexualidad." Entre libertad y determinismo.S/l: Ediciones Cristiandad, 2007. 96-105. Impreso. 13 jul. 2011
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